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VERANEANDO

40.00

Durante la charla en una cena con mis amigos, casi todos coincidíamos en que viajar en verano es cada día menos apetecible. ¿Qué sentido tiene ver los monumentos o los museos llenos de gente o hacer cola para entrar en restaurantes atestados de turistas con rostro cansado y confuso? Y esto acompañado del tortuoso calor y la humedad haciendo de las suyas.
Yo prefiero quedarme en casa pensando que la ciudad descansa mientras leo, escribo y navego en mi ordenador.